La remielinización y las posibilidades de reparación de la mielina

Uno de los grandes desafíos actuales en el tratamiento de la esclerosis múltiple consiste no solamente en evitar que continúe el daño del sistema nervioso, sino también en conseguir que el organismo repare, en la medida de lo posible, las lesiones que ya se han producido.

La mielina posee una capacidad natural de reparación. Cuando se produce una lesión, el organismo puede eliminar parte del tejido dañado y poner en marcha un proceso destinado a formar nuevas vainas de mielina alrededor de las fibras nerviosas. Este proceso se denomina remielinización.

Esta capacidad de reparación no es igual en todas las personas ni permanece constante durante toda la vida. En general, parece ser más eficaz durante las primeras etapas de la enfermedad y puede disminuir con el envejecimiento y con la acumulación de lesiones. La inflamación persistente, el daño de las propias fibras nerviosas y determinadas alteraciones del funcionamiento de las células también pueden dificultar la reparación.

Por esta razón, una de las grandes líneas de investigación actuales intenta responder a una pregunta fundamental: ¿es posible estimular la capacidad natural del organismo para reparar la mielina?

Cómo se descubrió uno de los mecanismos de reparación

En 2013, investigadores de la Universidad de Edimburgo y del Instituto de Células Madre de Cambridge, en el Reino Unido, identificaron uno de los mecanismos que intervienen en la reparación de la mielina.

Descubrieron que determinados macrófagos, unas células del sistema inmunitario que también participan en la limpieza y reparación de los tejidos, producen una sustancia llamada activina A. Esta sustancia favorece la maduración de las células encargadas de producir mielina, llamadas oligodendrocitos, y puede contribuir de este modo a la formación de nuevas vainas de mielina.

El descubrimiento resultó especialmente interesante porque ayudó a modificar una visión demasiado sencilla del papel del sistema inmunitario. En la esclerosis múltiple, determinadas respuestas inmunitarias contribuyen al daño de la mielina, pero otras células y mecanismos del propio sistema inmunitario pueden participar en la limpieza de los tejidos dañados y en su reparación.

Esto significa que el objetivo de la investigación no consiste únicamente en reducir la inflamación. También se intenta comprender cómo conseguir que el organismo pase de un estado que favorece el daño a otro que favorezca la reparación.

Desde entonces, la investigación sobre la remielinización ha avanzado considerablemente. Se han estudiado diferentes sustancias capaces de estimular la formación de mielina, así como tratamientos destinados a mejorar el funcionamiento de las células que participan en este proceso.

La clemastina y la metformina

Uno de los medicamentos que ha despertado mayor interés es la clemastina, un antiguo antihistamínico que, además de su acción habitual, puede favorecer la maduración de las células capaces de producir nueva mielina.

En un ensayo clínico realizado en personas con esclerosis múltiple, la clemastina consiguió reducir el tiempo que necesitaban las señales nerviosas para recorrer la vía visual. Este resultado fue compatible con una cierta recuperación de la conducción nerviosa y constituyó una de las primeras evidencias clínicas de que era posible estimular procesos relacionados con la reparación de la mielina en seres humanos.

Sin embargo, la clemastina también tiene inconvenientes, entre ellos la somnolencia y la fatiga, y los resultados obtenidos hasta ahora no permiten considerarla un tratamiento remielinizante establecido.

La investigación dio posteriormente un paso más al estudiar su combinación con metformina, un medicamento utilizado habitualmente para tratar la diabetes tipo 2.

La razón de esta combinación es especialmente interesante. La clemastina parece favorecer la maduración de las células que producen mielina. La metformina, en cambio, podría actuar sobre otro problema: el deterioro que esas células experimentan con el envejecimiento.

En estudios realizados con animales se observó que, con la edad, las células precursoras de los oligodendrocitos pierden parte de su capacidad para responder a las señales que deberían hacerlas madurar. En otras palabras, no necesariamente desaparecen todas las células capaces de participar en la reparación; algunas de ellas parecen volverse menos sensibles a las instrucciones que reciben.

En esos estudios, tanto el ayuno como la metformina consiguieron recuperar parcialmente algunas características de estas células envejecidas y mejorar su capacidad para participar en la reparación de la mielina. La metformina actuó, entre otros mecanismos, sobre una proteína llamada AMPK, que funciona como uno de los principales sensores del estado energético de la célula.

AMPK puede entenderse, de manera sencilla, como un sistema de vigilancia energética. Cuando una célula detecta que necesita administrar mejor sus recursos, esta vía ayuda a modificar la manera en que obtiene y utiliza la energía.

La importancia de AMPK resulta especialmente interesante porque conecta la reparación de la mielina con algo mucho más amplio: el metabolismo celular.

Una célula que envejece no solamente cambia de aspecto. También puede modificar la manera en que obtiene y utiliza la energía, cómo responde a determinadas señales y cómo mantiene sus mecanismos de reparación. Por ello, una parte de la investigación actual intenta averiguar si es posible recuperar algunas de estas funciones mediante intervenciones que modifiquen favorablemente el metabolismo celular.

Esto ha llevado a estudiar no solamente medicamentos, sino también fenómenos naturales relacionados con el metabolismo, como el ayuno, el ejercicio y la utilización de las grasas como fuente de energía.

¿Qué sabemos actualmente en seres humanos?

La combinación de clemastina y metformina llegó a estudiarse en un ensayo clínico específicamente diseñado para evaluar su posible capacidad de favorecer la remielinización en personas con esclerosis múltiple.

Los resultados comunicados mostraron una pequeña mejoría, estadísticamente significativa, en una prueba relacionada con la velocidad de conducción de las señales nerviosas. Este resultado es compatible con un cierto grado de reparación de la mielina.

Sin embargo, durante el período de seguimiento no se observaron mejoras significativas en la función visual ni en el grado de discapacidad. Por ello, aunque los resultados son alentadores, todavía no permiten considerar esta combinación como un tratamiento establecido para la remielinización.

Esta distinción es importante. Una intervención puede modificar un indicador que sugiere reparación sin que esa modificación se traduzca inmediatamente en una recuperación funcional apreciable. La remielinización puede ser parcial, lenta y localizada, mientras que la discapacidad de una persona con esclerosis múltiple puede depender de lesiones acumuladas en distintas zonas del sistema nervioso.

Por lo tanto, hasta la fecha, ningún medicamento ha sido aprobado específicamente como tratamiento remielinizante de uso habitual para la esclerosis múltiple.

Esto no significa que la remielinización haya quedado como una esperanza puramente teórica. Por el contrario, existen evidencias obtenidas en seres humanos que indican que determinados tratamientos pueden favorecer procesos compatibles con la reparación de la mielina. El desafío consiste ahora en conseguir que esa reparación sea suficientemente amplia, duradera y eficaz como para producir una recuperación clínica significativa.

El metabolismo y la capacidad natural de reparación

Todo lo anterior plantea una cuestión especialmente interesante desde una perspectiva integrativa.

Si el envejecimiento y las alteraciones metabólicas pueden reducir la capacidad de las células para participar en la reparación de la mielina, ¿podrían determinadas medidas relacionadas con la alimentación y el estilo de vida ayudar a mantener esas funciones?

La respuesta científica actual obliga a ser prudentes, pero no a descartar la posibilidad.

No existe ninguna dieta, planta o suplemento que haya demostrado, en ensayos clínicos de calidad suficiente, que pueda regenerar la mielina perdida en personas con esclerosis múltiple.

Sin embargo, existen numerosas intervenciones naturales capaces de influir sobre el metabolismo energético, el funcionamiento de las mitocondrias, el estrés oxidativo, la inflamación y otros procesos relacionados con la salud de las células nerviosas.

La cuestión, por tanto, no debería plantearse únicamente como una búsqueda de una planta que «remielinice». Es más razonable preguntarse si podemos favorecer las condiciones metabólicas y nutricionales que el organismo necesita para desarrollar adecuadamente sus propios mecanismos de reparación.

El ayuno y la restricción energética

El ayuno es una de las intervenciones naturales que presenta una conexión experimental particularmente interesante con esta hipótesis.

En estudios realizados con animales, el ayuno consiguió recuperar algunas características de las células precursoras de los oligodendrocitos envejecidas y mejorar la reparación de la mielina. Los investigadores observaron efectos relacionados con cambios metabólicos semejantes, en algunos aspectos, a los producidos por la metformina.

Esto resulta interesante porque durante el ayuno el organismo debe adaptarse a una menor disponibilidad de energía procedente de los alimentos. Entre otras modificaciones, aumenta la utilización de las grasas y la producción de cuerpos cetónicos, y se activan mecanismos destinados a utilizar los recursos energéticos de manera más eficiente.

Sin embargo, no podemos afirmar que el ayuno remielinice en personas con esclerosis múltiple.

Tenemos una observación experimental que proporciona una hipótesis razonable, pero todavía no disponemos de evidencia clínica suficiente para afirmar que un determinado protocolo de ayuno produce una reparación significativa de la mielina en personas con esta enfermedad.

Por tanto, el ayuno puede considerarse una estrategia metabólica de interés, pero no un tratamiento remielinizante demostrado.

Además, no todas las personas con esclerosis múltiple son buenas candidatas para ayunos prolongados. El estado nutricional, el peso corporal, la edad, la medicación, las necesidades energéticas y otras circunstancias individuales deben tenerse en cuenta. Como alternativa o preparación para un ayuno, puede considerarse alguna variante de semiayuno, restricción calórica temporal, ayuno intermitente o monodieta; un enfoque que no ha sido investigado, pero que cuenta con una larga evidencia de experiencias clínicas en la mejora del metabolismo, es el enfoque naturopático conocido como trofología.

La dieta cetogénica y los cuerpos cetónicos

La dieta cetogénica merece una consideración especial porque puede producir algunos cambios metabólicos relacionados con los que aparecen durante el ayuno.

Cuando la alimentación contiene muy pocos hidratos de carbono y una proporción elevada de grasas, el organismo reduce su dependencia de la glucosa y aumenta la utilización de las grasas. Como consecuencia, el hígado produce cuerpos cetónicos, que pueden ser utilizados como fuente de energía por diversos tejidos, incluido el cerebro.

Uno de los principales cuerpos cetónicos es el beta-hidroxibutirato. Esta sustancia no actúa solamente como combustible. También puede participar en determinadas señales que regulan el funcionamiento de las células.

La cetosis puede influir sobre AMPK y sobre otras vías relacionadas con el metabolismo energético, las mitocondrias, la respuesta antioxidante y la inflamación. Por esta razón, se ha planteado que una dieta cetogénica podría crear un entorno metabólico potencialmente favorable para la salud del sistema nervioso.

Pero es importante no confundir esta hipótesis con una demostración de remielinización.

Hasta el momento, los estudios realizados en personas con esclerosis múltiple han mostrado resultados interesantes principalmente en aspectos como la fatiga, la composición corporal, el estado de ánimo, la calidad de vida y algunos indicadores metabólicos. Sin embargo, no han demostrado que la dieta cetogénica regenere la mielina perdida.

Esta diferencia no disminuye el interés de la dieta. Por el contrario, resulta especialmente interesante porque permite estudiar una intervención nutricional capaz de producir cambios metabólicos profundos sin necesidad de recurrir a un medicamento.

También debemos recordar que una dieta cetogénica no consiste simplemente en eliminar el azúcar o reducir el pan. Para producir y mantener una cetosis nutricional sostenida es necesario modificar de manera importante la proporción de macronutrientes de la alimentación. Por ello, cuando se utiliza con fines terapéuticos, conviene que sea planificada adecuadamente y adaptada a las características de cada persona.

El ejercicio como estímulo metabólico

El ejercicio constituye otra intervención especialmente interesante.

Durante la actividad física aumenta la demanda de energía de las células. Esto activa diferentes mecanismos de adaptación, entre ellos AMPK, y favorece cambios en la función de las mitocondrias y en la manera en que el organismo utiliza la energía.

El ejercicio también puede favorecer la salud cardiovascular, la fuerza muscular, el equilibrio, la movilidad y la capacidad funcional, aspectos especialmente importantes en las personas con esclerosis múltiple.

No podemos afirmar que el ejercicio sea un tratamiento remielinizante. Sin embargo, a diferencia de muchas sustancias que solamente han sido estudiadas en células o animales, el ejercicio cuenta con una experiencia clínica mucho más amplia en personas con esclerosis múltiple y puede aportar beneficios funcionales independientemente de que produzca o no una remielinización directa.

Desde una perspectiva integrativa, puede considerarse una forma de proporcionar al organismo un estímulo metabólico repetido que favorece su capacidad de adaptación.

Nutrientes necesarios para la reparación

La mielina necesita materia prima para formarse y mantenerse. Por ello, una alimentación insuficiente o una deficiencia nutricional pueden constituir un obstáculo para numerosos procesos relacionados con la salud del sistema nervioso.

Entre los nutrientes que merecen especial atención se encuentran las proteínas, los ácidos grasos esenciales, la vitamina D, las vitaminas del grupo B, el hierro, el zinc, el magnesio y otros micronutrientes.

Esto no significa que cuanto mayor sea la cantidad de estos nutrientes, mayor será la producción de mielina. El organismo necesita cantidades adecuadas, no cantidades ilimitadas.

La corrección de una deficiencia nutricional es muy diferente de administrar dosis elevadas de un nutriente con la intención de producir un efecto farmacológico.

Esta distinción es especialmente importante con las vitaminas y los minerales. Cuando existe una carencia, corregirla puede ser fundamental para el funcionamiento normal del sistema nervioso. Pero cuando los niveles ya son adecuados, aumentar indefinidamente la dosis no siempre garantiza ningún beneficio adicional y, en algunos casos, puede resultar perjudicial.

Grasas y ácidos grasos omega 3

Los ácidos grasos omega 3 también merecen consideración porque forman parte de las membranas celulares y participan en numerosos procesos relacionados con la inflamación y el funcionamiento del sistema nervioso.

Su interés en la esclerosis múltiple no se debe únicamente a la posibilidad de que influyan sobre la mielina. También se relaciona con su papel en la composición de las membranas, el metabolismo de las grasas y la regulación de determinados procesos inflamatorios.

Hasta ahora, la evidencia disponible no permite afirmar que los suplementos de omega-3 produzcan remielinización clínicamente significativa; su posible utilidad debe entenderse como parte de un patrón nutricional saludable y no como un tratamiento específico para regenerar la mielina.

Más allá de este aspecto, los omega 3 tienen importantes propiedades antiinflamatorias reguladoras de la inmunidad que las posicionan como uno de los mejores suplementos coadyuvantes en esta enfermedad.

Compuestos vegetales y regulación del metabolismo

También existe una línea de investigación creciente sobre sustancias presentes en plantas y alimentos que pueden modificar determinadas vías relacionadas con el metabolismo y el envejecimiento celular.

Entre ellas se encuentran la berberina, la curcumina, el resveratrol, la quercetina y diversos compuestos presentes en el té verde.

Algunas de estas sustancias pueden influir sobre AMPK y sobre otras vías relacionadas con el uso de la energía, la respuesta antioxidante, la inflamación y la renovación de componentes celulares.

La berberina, por ejemplo, es especialmente conocida por su relación con el metabolismo de la glucosa y por su capacidad para activar AMPK en determinados modelos experimentales. El resveratrol y algunos polifenoles también han sido estudiados por su capacidad para imitar parcialmente determinadas respuestas asociadas con la restricción energética.

Sin embargo, aquí debemos ser especialmente cuidadosos.

Que una sustancia active AMPK en un cultivo celular no significa que produzca el mismo efecto cuando se consume por vía oral. La cantidad que llega a los tejidos, su absorción, su transformación en el organismo y sus posibles efectos sobre otros sistemas pueden ser muy diferentes.

Y, sobre todo, que una sustancia modifique una vía relacionada con la reparación no significa que haya demostrado reparar la mielina en personas con esclerosis múltiple.

Por el momento, estas sustancias deben considerarse candidatas para la investigación, y no tratamientos naturales remielinizantes; como complementos coadyuvantes, en las dosis indicadas, son muy seguros y hay otros factores de interés para considerar su incorporación a nuestra estrategia de salud.

Las mitocondrias y el estrés oxidativo

La relación entre metabolismo y reparación también permite comprender la importancia de las mitocondrias, las estructuras celulares encargadas de producir gran parte de la energía que necesitan las células.

Los oligodendrocitos tienen una elevada demanda energética, especialmente cuando deben producir grandes cantidades de mielina. Por eso, un funcionamiento adecuado de las mitocondrias resulta importante para mantener la salud de estas células.

El estrés oxidativo constituye otro elemento de interés. Las células producen naturalmente sustancias oxidantes durante su actividad, pero poseen mecanismos para neutralizarlas. Cuando la producción supera la capacidad de defensa, puede producirse daño celular.

Algunos nutrientes y compuestos vegetales poseen propiedades antioxidantes y pueden influir sobre los mecanismos internos de defensa del organismo. Entre ellos se han estudiado sustancias como el ácido alfa-lipoico, la curcumina, el resveratrol y diversos polifenoles.

Una vez más, esto proporciona una base biológica interesante, pero no permite afirmar que estos productos regeneren por sí mismos la mielina.

Una visión más amplia de la reparación

Todo lo anterior permite plantear una hipótesis más amplia.

Quizá el objetivo de un enfoque natural no deba ser encontrar una única sustancia capaz de imitar a un medicamento experimental, sino favorecer simultáneamente varios de los procesos que intervienen en la capacidad de reparación del organismo.

Una alimentación adecuada puede proporcionar las materias primas necesarias.

El ejercicio puede proporcionar estímulos metabólicos y favorecer la función mitocondrial.

El ayuno, cuando está indicado y correctamente realizado, puede activar mecanismos relacionados con la adaptación a la disponibilidad de energía.

La dieta cetogénica puede modificar el combustible utilizado por las células y aumentar la disponibilidad de cuerpos cetónicos, que actúan tanto como fuente de energía como moléculas de señalización.

Los nutrientes pueden corregir deficiencias que dificultan el funcionamiento normal del sistema nervioso.

Determinados compuestos vegetales pueden influir sobre las defensas antioxidantes, la inflamación y algunas vías relacionadas con el metabolismo.

Y un descanso adecuado permite mantener procesos esenciales de recuperación y regulación del organismo.

Ninguna de estas medidas puede considerarse actualmente un tratamiento remielinizante demostrado. Pero tampoco sería razonable considerarlas irrelevantes para la salud del sistema nervioso.

La diferencia está en la magnitud de lo que podemos afirmar.

Una cuestión de evidencia

En este campo resulta particularmente importante mantener una jerarquía clara de la evidencia.

Cuando una sustancia mejora la reparación de la mielina en un animal de laboratorio, estamos ante una evidencia experimental.

Cuando modifica una vía metabólica en células cultivadas, tenemos una explicación biológica posible.

Cuando un nutriente mejora el estado de una persona que presentaba una deficiencia, tenemos una intervención nutricional con una utilidad concreta.

Cuando una dieta modifica la fatiga, la composición corporal o determinados parámetros metabólicos en personas con esclerosis múltiple, tenemos evidencia clínica sobre esos resultados concretos.

Pero para afirmar que una intervención remieliniza en personas con esclerosis múltiple necesitamos algo mucho más exigente: estudios clínicos bien diseñados que demuestren una reparación de la mielina y, preferentemente, que esa reparación se traduzca en una mejoría funcional.

Esta diferencia no disminuye el valor de la investigación natural. Por el contrario, permite identificar con mayor precisión qué hipótesis merecen ser investigadas y cuáles ya cuentan con suficiente respaldo para formar parte de una intervención clínica.


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