¡Buen almuerzo y que se enfríe esa mielina!

 

Ilustración de un axón con su vaina de mielina y una pequeña llama que se apaga: la inflamación que se enfría en la esclerosis múltiple.

En pocas palabras: en la esclerosis múltiple, la mielina sufre dos tipos de «calor». Uno es la inflamación que la daña, que se puede calmar desde el plato y con hábitos como el sol, el movimiento y el descanso. El otro es el calor del cuerpo, que empeora los síntomas de forma pasajera y se previene con medidas simples de frescura. Ninguno de los dos reemplaza el tratamiento médico: lo complementan.

Un saludo con dos sentidos

Hay despedidas que se quedan pegadas. Después de una larga jornada de trabajo con mi libro Más allá de la esclerosis múltiple, avisé que me iba a almorzar. Claude, la inteligencia artificial con la que trabajé la investigación y las revisiones, me despidió así: «¡Buen almuerzo y que se enfríe esa mielina!».

Me reí. Y enseguida me di cuenta de que en esa frase cabía buena parte del libro.

La mielina es justo lo que la esclerosis múltiple daña. «Enfriarla» tiene dos sentidos, y los dos son ciertos. Uno es calmar la inflamación que la ataca. El otro es proteger del calor a un sistema nervioso que, cuando ya tiene zonas dañadas, tolera mal la temperatura. Y el almuerzo no es un detalle: lo que ponemos en el plato es una de las herramientas diarias que sí están en nuestras manos.

La mielina, el aislante de nuestros cables

Imagina los nervios como cables eléctricos. La mielina es la capa que los recubre, como el plástico de un cable. Gracias a ella, la señal viaja rápido y sin perderse por el camino.

En la esclerosis múltiple, el propio sistema inmunitario confunde a la mielina con un enemigo y la ataca. En esas zonas aparece inflamación, el aislante se daña y la señal se vuelve lenta o se corta. Según dónde ocurra, eso se siente como cansancio, hormigueos, visión borrosa, torpeza o falta de equilibrio.

Aquí está la primera lectura del saludo. La inflamación es, literalmente, un fuego biológico: la palabra viene del latín inflammare, «encender». Por eso «enfriar la mielina» es una forma sencilla de decir lo que busca todo el abordaje de la enfermedad: bajar ese fuego para que el daño avance lo menos posible y el cuerpo tenga margen para reparar. Porque el cuerpo repara: el sistema nervioso conserva cierta capacidad de volver a formar mielina, y esa es una de las grandes esperanzas de la investigación actual.

El calor de verdad: el fenómeno de Uhthoff

La segunda lectura es literal. En 1890, el oftalmólogo alemán Wilhelm Uhthoff notó algo curioso: algunos de sus pacientes veían peor cuando hacían esfuerzo físico. Él culpó al ejercicio. Con los años se entendió que el verdadero responsable era otro: el aumento de la temperatura del cuerpo.

Hoy se calcula que entre el 60 % y el 80 % de las personas con esclerosis múltiple notan que sus síntomas empeoran con el calor. Una ducha muy caliente, un día de verano, la fiebre o una caminata al sol pueden traer de vuelta hormigueos, cansancio o visión borrosa. El motivo es físico: un nervio que ya perdió parte de su aislante conduce peor la señal cuando se calienta.

La buena noticia es doble. Primero, este empeoramiento es pasajero: suele durar menos de un día y se revierte al bajar la temperatura. No es un brote ni significa que la enfermedad avance, aunque ante cualquier duda siempre conviene consultarlo con el neurólogo. Segundo, se puede prevenir con medidas simples:

  • Beber agua fresca a lo largo del día.
  • Elegir las horas más frescas para moverse y salir.
  • Usar duchas tibias en vez de muy calientes.
  • Tener a mano un paño húmedo, un ventilador o una prenda refrescante.

Un detalle importante: el calor no es motivo para dejar de moverse. Durante décadas se desaconsejó el ejercicio por miedo a este fenómeno, y hoy sabemos que el movimiento es uno de los mejores aliados. Hay estudios que muestran que enfriar la piel durante el ejercicio ya alivia parte de los síntomas. La clave no es quedarse quieto, sino moverse con frescura.

El otro fuego: lo que se enfría desde el plato

Volvamos al almuerzo. La inflamación no depende solo de la enfermedad: también la alimentan, o la calman, muchas decisiones de cada día. Y aquí la ciencia viene diciendo cosas interesantes.

Un estudio de la Escuela de Medicina Icahn del Monte Sinaí, en Nueva York, siguió a 563 personas con esclerosis múltiple. Cuanto más se parecía su forma de comer a la dieta mediterránea (verduras, frutas, legumbres, pescado, cereales integrales y aceite de oliva), menor era su discapacidad medida con pruebas objetivas de marcha, coordinación y memoria. Es un estudio de asociación, no de causa y efecto, pero va en la misma dirección que otros trabajos.

En otro ensayo, de la Universidad de Iowa, 87 personas se repartieron al azar entre dos dietas muy distintas: una baja en grasas saturadas (la dieta Swank) y una de tipo paleolítico con mucha verdura (la dieta Wahls). Con las dos bajó el cansancio y mejoró la calidad de vida en apenas doce semanas. Lo que tienen en común dice mucho: comida real, muchas plantas y casi nada de ultraprocesados.

El plato es el punto de partida, pero no el único termostato. Hay otros que trabajan en equipo con él:

  • El sol, con cabeza. Los niveles bajos de vitamina D se asocian con más riesgo y más actividad de la enfermedad. Sol de las horas frescas y, si hace falta, un suplemento indicado por un profesional.
  • El movimiento. Fortalece, mejora el ánimo y combate el cansancio. Con la frescura que vimos antes.
  • El sueño y la mente. El estrés sostenido también inflama. Hay ensayos en los que aprender a manejarlo redujo la aparición de lesiones nuevas.

Algunas guías médicas clasifican prácticas como el yoga, la meditación o ciertos cambios de dieta como de «evidencia insuficiente». Eso no significa que no sirvan. Significa que todavía no hay estudios grandes, largos y caros que las midan. Si una práctica es segura, tiene sentido biológico y muestra beneficios, esperar a la certificación definitiva es llegar tarde, con la casa ya quemada.

Una aclaración importante: nada de esto reemplaza al tratamiento indicado por el neurólogo. Los medicamentos modificadores de la enfermedad cambiaron el pronóstico de millones de personas. Lo que propongo es sumar, no restar. Y antes de agregar suplementos o hierbas, conviene revisarlos con un profesional, porque algunos interactúan con los fármacos.

Entre bambalinas: cómo se escribe un libro con una inteligencia artificial

Escribir este libro con Claude no tuvo nada que ver con las promesas de escribir un libro en una hora. De hecho, después de haber escrito más de treinta libros sin inteligencia artificial —incluso antes de Internet—, con esta tecnología tardo mucho más, lo hago de forma más profunda y, honestamente, me encantan los resultados. Más bien fue una conversación larga, muy larga. Y, como en toda conversación larga, hubo momentos para reírse.

El primero fue una negociación de sesgos. Yo soy naturópata y tengo, lo admito, un sesgo a favor de lo natural. La inteligencia artificial aprendió de miles de textos médicos y trae su propio sesgo alopático. Hicimos un trato: yo aceptaba «un poquito de sesgo alopático», y cada uno le marcaría al otro, con firmeza, cuando el suyo se le escapara. Hubo debates de ida y vuelta, y el libro se nutrió de lo mejor de cada uno cada vez que encontrábamos ese punto de integridad en el que ambos quedábamos satisfechos.

El segundo fue la vara de medida. Cuando una corrección se ponía demasiado académica, yo recordaba el objetivo: un libro que ayude a la gente, no el Pulitzer ni el Nobel.

Y el tercero fue la ironía mayor. Después de publicado, descubrimos que el libro tenía su propio problema de «aislante»: Kindle descolocaba los márgenes de las listas, y hubo que encontrar y corregir 466, una por una. Un libro sobre la mielina, con los cables del formato pelados. Si eso no merecía un buen almuerzo, nada lo merecía.

Tu turno de enfriar

La esclerosis múltiple todavía no tiene cura. Pero entre el tratamiento médico y los hábitos de cada día queda un territorio enorme en el que cada persona puede hacer mucho por sí misma. Ese territorio es el que recorre Más allá de la esclerosis múltiple: qué ocurre en el cuerpo, qué dice la ciencia, qué aporta la mirada integrativa y, sobre todo, qué se puede hacer desde hoy, sin tecnología cara ni promesas mágicas.

Si tienes esclerosis múltiple, si acompañas a alguien que la tiene o si trabajas en salud, te invito a leerlo.

El libro, en Amazon:

Y ya sabes: ¡buen almuerzo y que se enfríe esa mielina!

Preguntas frecuentes

¿El calor empeora la esclerosis múltiple?

El calor puede empeorar los síntomas, pero no la enfermedad. Entre el 60 % y el 80 % de las personas con esclerosis múltiple notan más cansancio, hormigueos o visión borrosa cuando sube su temperatura corporal. Ese empeoramiento es pasajero y no causa daño nuevo en la mielina.

¿El fenómeno de Uhthoff es un brote?

No. El fenómeno de Uhthoff dura menos de un día y desaparece al bajar la temperatura. Un brote, en cambio, dura más de veinticuatro horas, aparece sin fiebre ni calor que lo explique y refleja actividad inflamatoria. Ante la duda, conviene consultarlo con el neurólogo.

¿Qué dieta conviene en la esclerosis múltiple?

No hay una única dieta comprobada, pero la evidencia apunta en una misma dirección. Comer de forma parecida a la dieta mediterránea se asocia con menos discapacidad, y en un ensayo con las dietas Swank y Wahls ambas redujeron el cansancio. Lo que comparten es comida real, muchas plantas y pocos ultraprocesados.

Bibliografía

Este artículo tiene fines informativos y no reemplaza la consulta con tu médico o neurólogo.

Retrato de Pablo de la Iglesia, naturópata y autor

Sobre el autor

Pablo de la Iglesia es naturópata, máster en Programación Neurolingüística y diseñador en permacultura. Tras su diagnóstico de esclerosis múltiple en 1992, se dedicó a la naturopatía, la nutrición ortomolecular y la salud integrativa. Desde 1996 publicó más de treinta libros en español, inglés, portugués e italiano, en editoriales como Grijalbo, Urano, Kier y Obelisco.

Conoce más sobre Pablo →

Entradas más populares de este blog

Terreno metabólico: la base olvidada de la salud moderna

Inflamm-aging: cómo frenar el envejecimiento con naturopatía

¿El omega-3 diluye la sangre? El mito del riesgo de sangrado desmentido por la ciencia